Modelos climáticos

La investigación del clima ha utilizado computadoras desde el comienzo de la informática para aplicar modelos matemáticos complejos (Le Treut, 1997). La causa más obvia es que el clima es un fenómeno tremendamente complejo, afectado por multitud de factores, y desde los principios de la meteorología se sabía que la manera de predecir el tiempo era mediante complicadas herramientas matemáticas. Por desgracia, pronto se tuvo constancia de que las dinámicas climáticas resultaban muy afectadas por ínfimos errores de medida, lo que más tarde sería llamado la teoría del caos (Shukla, 1998). Afortunadamente, los patrones a gran escala están muy condicionados por factores muy constantes como es la temperatura en superficie, lo que hace más predecibles los cambios de clima como el fenómeno de El Niño o el mismo calentamiento global.

A la hora de modelizar el clima planetario, se tiene el problema de que todos los fenómenos atmosféricos afectan en mayor o menor medida al clima del planeta, así como factores externos como la radiación solar, luego para desarrollar un buen modelo predictivo, éste ha de tener escala planetaria. Otro gran problema es que sólo conocemos un mundo como el nuestro, así que para validar esos modelos sólo podemos tener en cuenta cambios climáticos pasados y combinar conocimientos de muy diversas áreas, como la meteorología, la astronomía, la geología, la paleontología o la biología (The Economist, 1994).

El uso de modelos es muy criticado desde fuera del ámbito científico (Le Treut, 1997) bajo la acusación de ser una mera abstracción de la realidad con mucha incertidumbre. Es cierto que la naturaleza caótica de estos modelos hace que en sí tengan una alta proporción de incertidumbre (Stainforth et ál., 2005)(Roe y Baker, 2007), pero no es óbice para que sean capaces de prever exitosamente fenómenos complejos (Shukla, 1998), ni para que sean la herramienta principal de cara a predecir cambios significativos futuros (Schnellhuber, 2008)(Knutti y Hegerl, 2008) que tengan consecuencias tanto económicas (Stern, 2008) como las ya observables a nivel biológico (Walther et ál., 2002)(Hughes, 2001). De hecho, su principal limitante ha sido siempre la potencia de cálculo de las computadoras disponibles, mientras que el aparato físico-matemático en el que se basan no ha sufrido grandes alteraciones a lo largo de los años (Shukla, 1998).

Los modelos citados por el IPCC (IPCC, 2007, p. 6) muestran que el clima tiene cierta variabilidad natural, pero que el efecto de los GEI ha sido decisivo para la subida de temperatura observada en las últimas décadas.

En adición existe el proyecto voluntario Climateprediction.net o CPDN que es un proyecto de computación distribuida que busca investigar y reducir las incertidumbres en el modelado de predicciones climáticas corriendo cientos de miles de modelos en computadoras personales mientras éstas están inactivas

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